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jueves, 16 de abril de 2009



SOBRE TIERRA NEGRA

Novela publicada en editorial Guadalturia por Manuel Moya

http://latierranegra-mm.blogspot.com

He de decir antes que nada, que mi edad y la del escritor, se diferencian por dos palitos; con lo que mis experiencias personales se encuentran marcadas por un periodo de la historia contemporánea que ambos disfrutamos a la par y que quizá llene de apreciaciones demasiado personales mi opinión sobre la novela.

Nuestra generación no ha conocido la guerra, ninguna contienda; pero nacimos en el seno de una sociedad llena de miedo, sumisión y pobreza que nuestros progenitores veían como una gran conquista: “la paz del miedo”.

Mi padre intentó contarme lo justo sobre las minas de Río Tinto y Nerva sin saber a ciencia cierta qué podía contar y qué no; y yo intentaba distinguir de todo ello una realidad que se mezclaba con mis románticas ideas de las luchas de bandoleros por esas sierras de Huelva.
Mi madre gritaba henchida de orgullo que siempre hubo pan en su mesa y capote para vestirla mientras los demás rebuscaban en su basura qué comer, y explicaba cómo mi abuela en su infinita bondad regalaba comida a la familia de mi padre.
A mi me enseñaron que todo se conseguía con trabajo y esfuerzo, que no me podían legar nada, que yo tenia la suerte de una beca de estudios y de que no me obligaran a trabajar aunque el dinero hiciera falta en casa. Sentía sobre mí la losa del gran sacrificio que hacían permitiéndome estudiar

Esa fue mi guerra. Nuestra guerra.

Y con la absoluta necesidad de alguien que quiere comprender una historia que no ha vivido pero que determinó su existencia hasta convertirle en el héroe de un destino fatal; el autor sólo alcanza a imaginar la contienda como una titánica lucha de pasiones y virtudes propia de las grandes tragedias clásicas, donde el destino había escrito las vidas y las muertes de los que aun han de nacer; como Pepe Jabicha escribe los nombres de su lista.

Así quizá, desde ese punto de vista la novela se convierte en una lucha de titanes; la lucha contra el Minotauro de un Teseo que no vence a pesar del ovillo de Ariadna.
Y tras ellos el pueblo actuando de gran coro. Un coro que como los hombres de Ulises busca una Ítaca imposible en una interminable Odisea.

Son los hombres huidos los que sufren una odisea hasta llegar a una Ítaca donde el hijo del carpintero, cual iluso Telémaco, cree a su padre aun de viaje; donde Medea se convierte en molinera y donde la tierra negra es un personaje mas; es la diosa Ceres que ha parado el ciclo de la vida buscando la oscura y negra cueva donde se encuentra su hija Proserpina ( la vida, la libertad, la luz).

Pero el claroscuro de la novela, su estructura de contrastes, opuestos que se atraen, grandes luces frente a grandes pozos oscuros; recuerda a las obras de teatro barrocas.
Y, porque no hacerlo constar, el estudio de lo cotidiano, lo costumbrista del decorado y el vocabulario, recuerdan tal vez aun más, lo divino y lo humano de las obras de Calderón.

Hay que amar a Vito como se ama la inocencia, seguir a Miguel como a un arcángel, y reconocer lo peor de las pasiones humanas subidos a un caballo, o detrás de una escopeta; vivir lo que hay en cada personaje de nosotros o nosotras mismas, de nuestros padres y madres al fin.

La historia de una guerra que heredamos e intentamos perdonarnos.

6 comentarios:

  1. Me ha encantado en las fotos de abajo, eso de: ORO MACARENO... Que encanto....

    Saludos!

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  2. Preciosa descripición la que has expuesto sobre una historia que muchos hemos sentido sobre nuestra piel, sin entender muy bien el por qué de todo aquello...

    Hoy, tal vez más conscientes del dolor de nuestros padres, de nuestros abuelos, tal vez no seamos capaces de saber perdonar las atrocidades que se cometieron y que sembraron unos odios que en casos contados, han germinado en venganzas ya que la justicia, ciega como todos nosotros, se encargaba de mirar hacia otro lado...

    Ójala que nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, y sus hijos y los siguientes, lleguen a aprender a convivir sin odio y con respeto... y que este triste capitulo quede relegado a los libros de Historia

    Un beso

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  3. Muy interesante, la Vida! :)
    Un besote

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  4. Rosa,
    he pasado por tu página y no he encontrado tampoco mi comentario. Debe ser torpeza mía. me tiré un buen rato redactándolo. Qué le vamos a hacer, más se perdió en Crimea.

    Básicamente te decía, te confesaba más bien, que estaba aturdido por tu perspicacia y por tus hallazgos. No siempre he sido consciente, es obvio, de las relaciones profundas -o mejor, subrepticias- que establecía con la "tradición" aunque me halaga mucho el que aparezcan trazos de esa tradición. Por supueto Antígona y Sabina son, si quieres, el mismo personaje. Vito y Polínices, también. El hijo del carpintero, ahora que lo dices, guarda una muy estrecha relación con Telémaco, claro, incluso en la relación que establece con su madre. Miguel, el fugitivo, tiene su origen en Miguel Pizarro Zambrano, poeta amigo de infancia de Lorca y primo de la Zambrano, nacido en Alájar, como sabes (de ahí que él sea de Alájar), desterrado en New York, donde murió en el 68. Hay en él algo de arcangélico (Miguel es un nombre con impronta)... Y lo del barroco mide sin duda tu mucha perspicacia: la focalización plural, casi de retablo, pero sosbre todo la división de la novela en tres partes, más la acotación inicial, fue intencionadamente un guiño barroco que creí quedaría en mi intimidad y que tú descubres. Ya digo, pánico me da. No, en serio, gracias por tu fantástico comentario, no lo por lo que tiene de laudatorio (que agradezco como amigo, off course), sino por lo que tiene de perspicaz y de certero.

    Nota:Puedes colocar el presente comentario en tu blog, habida cuenta de mis torpezas.

    un abrazo y gracias de neuvo.

    venga.

    mm

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  5. Tiene muy buena pinta el libro, y supongo que debería servir como enseñanza para las futuras generaciones, porque la historia ha demostrado que las guerras a fin de cuentas no llevan a nada que no sea la destrucción y la separación de las familias. Abrazos

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Alguien habrá que algo dirá.